La realidad en las Islas Baleares es alarmante. Las depuradoras están a punto de estallar ante la presión del aumento de la población y un turismo masivo que parece no tener fin. Cada día, más y más visitantes llegan a nuestras costas, dejando una huella que se siente en todos los rincones de nuestra tierra.
El Govern ha decidido destinar 5,58 millones de euros para mejorar las infraestructuras hídricas en once municipios de la Serra. ¿Pero es suficiente? Muchos se preguntan si esta inyección de dinero va a ser capaz de salvar lo que parece un sistema al borde del colapso.
Un grito desesperado por cambios reales
A medida que la comunidad sigue sintiendo los efectos del monocultivo turístico, surgen voces que claman por una auditoría exhaustiva. “Las tarifas superan los costos reales”, dice uno de los representantes locales. Y no es para menos; cada vez somos más conscientes del daño que esto está causando.
No podemos permitir que nuestra agua, nuestro bien más preciado, siga contaminándose como ocurre en Son Saletes, donde ya han llevado el caso a Fiscalía. La situación exige atención inmediata, porque aquí estamos hablando de nuestra salud y nuestro futuro.
Biniaraix es otro ejemplo claro: sus vecinos sienten que han sido despojados de su esencia, viendo cómo su pueblo cambia ante sus ojos sin poder hacer nada al respecto. Todos estos problemas son un reflejo del deterioro constante al que nos enfrentamos.
No podemos quedarnos callados ni tirar a la basura nuestro patrimonio natural e histórico. Es momento de unir fuerzas y luchar por unas Baleares sostenibles, donde podamos disfrutar sin poner en riesgo nuestro entorno y calidad de vida.

