En un rincón de Mallorca, Sóller se convirtió en el escenario de una marea humana que clamaba a viva voz: no más masificación turística. Miles de personas salieron a las calles, armadas con pancartas y una determinación palpable, para manifestar su descontento ante lo que consideran un ataque directo a su forma de vida. La turistificación ha llegado a un punto donde parece que pagar por unas vacaciones le da más derechos a uno que vivir en la zona. ¿Es eso justo?
Un grito compartido
La multitud no solo pedía respeto hacia su hogar, sino que también denunciaba cómo la privatización de la preciosa sierra de Tramuntana amenaza no solo el paisaje, sino también la esencia misma de lo que significa ser mallorquín. “¿Desde cuándo se nos ha olvidado cuidar lo nuestro?” exclamó una joven mientras sostenía un cartel que decía “Mallorca es para quienes la habitan”. Y así, entre charlas y risas, los asistentes se unían en un eco potente: “Terra o mort”.
A medida que avanzaba la protesta, quedó claro que este no era solo un problema local; era una llamada a toda España. La sensación es clara: si no actuamos ahora, pronto será demasiado tarde para recuperar lo perdido. La balanza entre turismo y calidad de vida está desequilibrada y todos sentimos esa presión.

