En Pollença, el eco de las espadas puede haberse apagado, pero la esencia de su Patrona sigue viva. En un rincón del Mediterráneo donde tradición y modernidad a veces chocan, esta celebración es mucho más que un simple simulacro. La comunidad se une cada año para recordar que hay vida después del estruendo y que el corazón de esta fiesta late con fuerza.
Una reivindicación profunda
Y no se trata solo de una celebración; es una lucha por mantener nuestra identidad frente al monocultivo turístico que amenaza con diluir nuestra cultura. Este año, en medio del bullicio y las risas, 200 valientes decidieron alzar la voz en Cort. Su mensaje fue claro: ¡la arbitrariedad del Ayuntamiento no nos detendrá! “No podemos permitir que nos roben nuestras tradiciones”, gritaban, mientras otros aplaudían en apoyo.
Es cierto que los tiempos cambian y nosotros también. Pero ¿acaso debemos olvidar lo que somos? La defensa de nuestras raíces debe ser constante. En cada manifestación, en cada acto cultural, recordamos a aquellos que vinieron antes y lucharon por lo nuestro. Así, mientras los turistas disfrutan sin saberlo, nosotros seguimos escribiendo nuestra historia.

