Las aguas tranquilas de Portocolom han sido escenario de un hallazgo que deja sin aliento a la comunidad. Cuatro cuerpos en descomposición fueron rescatados, y aunque el suceso es trágico, no podemos evitar preguntarnos: ¿qué nos está diciendo esto sobre nuestra sociedad? En una época donde la masificación turística parece ser la única prioridad, este macabro descubrimiento pone de manifiesto una realidad más oscura que acecha tras las sonrisas y selfies en nuestras playas.
Un grito ahogado entre turistas
La aparición de estos cuerpos se suma a un creciente malestar social. A pocos días de una manifestación contra el turismo desmedido, las pintadas que adornan las paredes del barrio parecen clamar por atención. «¡No podemos seguir así!», dice uno de los vecinos mientras observa cómo el monocultivo turístico convierte nuestro hogar en un parque temático. La situación se vuelve insostenible y muchos se sienten impotentes ante el avance imparable del cemento.
No podemos olvidar también que la historia no se repite, pero a menudo rima. Los ecos de protestas pasadas resuenan mientras los habitantes exigen cambios reales. Y es que cuando los hijos crecen y nos damos cuenta de lo que hemos perdido, muchas mujeres y hombres comienzan a cuestionar qué legado estamos dejando detrás. Este suceso es un recordatorio escalofriante: la vida vale mucho más que unas vacaciones fugaces.

