Palma, una ciudad vibrante y llena de vida, se encuentra en el centro de un torbellino que enfrenta a sus vecinos con el goteo constante de proyectos inmobiliarios. La comunidad está alzando la voz, preocupada por cómo la llegada de pisos de lujo está transformando el paisaje urbano y, más importante aún, la esencia misma del barrio del Jonquet.
El clamor de un barrio
Los residentes no se quedan callados ante lo que consideran una amenaza directa a su forma de vida. «No podemos permitir que tiren a la basura nuestra historia y nuestra identidad», decía María, una vecina con años en la zona. Las subvenciones están paralizadas y eso significa menos apoyo para mantener lo que queda del auténtico espíritu palmesano.
A medida que los edificios modernos surgen como setas, la comunidad siente que están siendo desplazados por un monocultivo turístico que solo busca llenar bolsillos ajenos. Cada ladrillo levantado es una herida abierta en el corazón del Jonquet, donde las tradiciones se ven amenazadas por un desarrollo voraz.
Y mientras tanto, Cort ha decidido tomar cartas en el asunto con edificios emblemáticos como el Gaspar Bennàssar. Sin embargo, hay algo inquietante en mantener solo la fachada; parece más un intento superficial de preservar lo viejo mientras todo lo demás cambia radicalmente. Los vecinos claman: «¿De qué sirve una fachada si detrás solo hay vacío?».
La lucha apenas comienza y la unión entre los habitantes es más fuerte que nunca. La esperanza radica en poder frenar este avance desmedido y proteger lo poco que queda del verdadero Palma. Juntos buscan soluciones antes de perderlo todo.

