Imagínate estar emocionado por un viaje de estudios y que, en lugar de recuerdos inolvidables, te lleves una experiencia traumática. Eso es lo que ha sucedido a una treintena de alumnos del IES Manacor, quienes sufrieron intoxicación durante su excursión. Algo que debería ser un momento de aprendizaje y diversión terminó convirtiéndose en una auténtica pesadilla.
Una experiencia amarga
Los chicos, llenos de ilusión, se embarcaron en esta aventura con la esperanza de disfrutar y aprender. Sin embargo, el destino les tenía preparada una dura lección: alimentos en mal estado o condiciones insalubres dieron pie a esta lamentable situación. “No puede ser que esto nos pase a nosotros”, comentaba uno de los afectados mientras recibía atención médica. Y es que nadie espera vivir algo así cuando se supone que están en manos de adultos responsables.
Este incidente no solo ha dejado huella física, sino también emocional. Las familias están preocupadas y los estudiantes han perdido la confianza en actividades futuras. ¿Es justo? Claro que no. El deber de garantizar la seguridad y bienestar debe ser siempre lo primero.
A raíz de este acontecimiento, surge una pregunta inquietante: ¿qué medidas se están tomando para evitar que situaciones similares vuelvan a ocurrir? La comunidad educativa tiene el derecho y la necesidad de exigir respuestas claras y rápidas.