Imagina que las playas de Cala Estancia y Ses Troneres, esas joyas del Mediterráneo, podrían perder hasta un 96% y 80% de su ancho para 2050. Esto no es una película de ciencia ficción, sino la cruda realidad que nos muestra el informe ‘Cuidar el presente, proteger el mañana’, elaborado por Claudia Ylla para AXA Climate. El alcalde de Palma, Jaime Martínez, junto a Josep Alfonso, director general de la fundación Axa, ha dejado claro que adaptarse a este nuevo escenario ya no es opcional; es una necesidad urgente.
Los peligros que acechan a Palma
Aparte del alarmante retroceso de nuestras queridas playas, hay otros desafíos igualmente preocupantes. Las temperaturas en Palma podrían subir unos 4°C, lo que significa más días de calor extremo y menos turistas dispuestos a soportarlo. De hecho, se estima que podríamos perder más de un 16% del PIB per cápita solo por este motivo. ¿Y si te dijera que podríamos enfrentar hasta 12.000 muertes adicionales si no actuamos? Una cifra escalofriante.
Pero eso no es todo. Las proyecciones también apuntan al riesgo costero: se prevé un aumento del nivel del mar de aproximadamente 24 cm. Este fenómeno no solo traerá consigo inundaciones; también podría llevarse las playas tal como las conocemos hoy. Si seguimos ignorando esta situación crítica, lugares como Cala Estància podrían casi desaparecer.
No podemos olvidar el estrés hídrico: se pronostica una disminución del 20% en las precipitaciones mientras la evaporación aumenta un 10%. Con tres acuíferos ya sobreexplotados y cinco más al borde del colapso el año próximo, tenemos una bomba de tiempo en nuestras manos.
A medida que crecemos demográficamente a un ritmo del 1%, nuestro alcalde subraya la importancia de anticiparnos al cambio climático con iniciativas como mejorar la depuración del agua y crear nuevas zonas verdes. En sus propias palabras: «El urbanismo debe adaptarse al cambio climático». Sin embargo, esto requiere nuestra colaboración; porque cada euro invertido en prevención puede ahorrarnos entre cuatro y diez euros en reparaciones futuras.
No olvidemos que estos riesgos ya han causado pérdidas superiores a los 20.000 millones de euros. La hora de actuar es ahora.

