La emblemática Pizzería Ángela ha echado el cierre, y no es una noticia cualquiera. Este querido rincón de Palma, que ha estado alimentando a generaciones desde hace 35 años, dijo adiós el pasado 14 de septiembre. ¿La razón? Un cúmulo de problemas de salud que han hecho insostenible la situación para su familia propietaria.
Elisa Montserrat, quien ha llevado las riendas del negocio familiar, no oculta su tristeza. «Esto funcionaba gracias al sacrificio de la familia», nos cuenta con nostalgia. Y es que detrás de cada pizza servida había un esfuerzo inmenso: renunciar a vacaciones y momentos libres por el bien del restaurante. Sin embargo, a sus 79 años, su padre ya no podía seguir adelante, y los problemas cardíacos de Elisa han agravado aún más la situación. «Mi problema parece que no tiene solución por ahora», lamenta.
Un futuro incierto para el local
A pesar de que el negocio funcionaba bien económicamente, Elisa aclara que esto no se trataba solo de números: «No puedo asumir la exigencia física que requiere». Los veranos se volvieron especialmente complicados para ella; la última intervención quirúrgica fue la gota que colmó el vaso.
Ahora, con el cierre consumado, la familia planea alquilar el local y dar paso a un nuevo proyecto. Según Elisa, hay interés por parte de una familia china en hacerse cargo del espacio. «Podría ser algo asiático… pero aún está todo en aire», confiesa entre risas nerviosas. La necesidad urgente de una reforma importante también juega un papel crucial; tras tantos años abierto, renovar todo será una tarea monumental.
No podemos olvidar cómo este cierre afecta también a otros miembros de la familia. La hermana de Elisa ya dejó su puesto hace tiempo para buscar nuevos horizontes laborales ante esta situación complicada. En resumen, tras este cierre se siente un gran vacío en Palma y muchos recordarán con cariño esas pizzas que solían pedir para llevar en las noches.

