Este viernes, Médicos del Mundo ha encendido las alarmas sobre una situación que no podemos ignorar: alrededor de 100 personas han sido desalojadas de la antigua cárcel y ahora se enfrentan a un futuro incierto. Su mensaje es claro y directo: este desalojo no es solo un cambio de ubicación, sino una manera preocupante de invisibilizar a quienes viven en asentamientos irregulares o en autocaravanas.
Desde el momento en que se llevó a cabo esta medida drástica, la administración local intentó hacer ver que había alternativas habitacionales para todos. Pero aquellos que presenciaron el desalojo tienen una visión muy diferente. «Lo único que les ofrecieron fue un trozo de papel con una nota escrita a mano, donde se les indicaba que podían dormir dos noches en el Parque de Bomberos. Eso era todo», denuncian desde Médicos del Mundo.
Una reubicación sin soluciones reales
Y así ha sido: muchas de estas personas simplemente han cambiado su lugar de residencia. Ahora se encuentran dispersas por zonas verdes junto a GESA, en el bosque de Bellver, e incluso en la playa, tratando de encontrar refugio donde puedan. Otros intentan acceder a recursos públicos para acogida, saturados y escasos.
Es importante destacar que entre ellos hay perfiles variados; algunos son españoles con empleos precarios que no les permiten pagar un alquiler, mientras otros viven con situaciones administrativas complicadas o padecen enfermedades mentales y físicas. Muchos habían recurrido a Médicos del Mundo precisamente porque enfrentaban barreras para acceder a servicios sanitarios adecuados.
A pesar de ser un grupo manejable desde el punto de vista administrativo, parece increíble que no existiera un perfil personalizado para cada caso. Esto es algo fundamental que incluso la Iglesia Católica había solicitado formalmente. Sin esa información, ¿cómo se puede abordar realmente la situación?
Médicos del Mundo critica abiertamente las políticas actuales que parecen criminalizar y deshumanizar a estas personas vulnerables. «Las expulsiones no hacen desaparecer a nadie», recalcan, advirtiendo sobre el grave error de pensar que simplemente cambiar su lugar físico va a solucionar sus problemas. En realidad, solo están trasladando una crisis social hacia otro rincón.
Nuestra sociedad debe ser capaz de gestionar estos desafíos con más humanidad y responsabilidad. No podemos conformarnos con entregar papeles arrugados como única solución ante el sufrimiento ajeno; eso no es suficiente ni aceptable.

