En el corazón de Génova, una pequeña comunidad en Sa Rota, el ambiente se torna cada vez más tenso. Tras un año sin su Unidad Básica de Salud, los vecinos están cansados y listos para actuar. Las obras en un solar cercano comenzaron el 29 de septiembre y, desde entonces, la actividad médica se trasladó al Centro de Salud Sant Agustí, prometiendo que todo volvería a la normalidad pronto. Pero esa promesa ha quedado en nada.
«Cuando terminaron las obras, lo único que encontramos fueron grietas y más problemas», explica Santi Menéndez Rosselló, vicepresidente de la asociación vecinal. Y es que, aunque los arquitectos dijeron que no eran graves y ya se arreglaron hace meses, el centro sigue cerrado como si fuera una casa abandonada. ¿Y cuál es la excusa ahora? Que no hay salida de emergencia. ¡Pero esperen! Llevan 25 años sin ella y nadie había hecho tanto ruido antes.
La lucha por una atención digna
Los habitantes de Génova no solo tienen que lidiar con esta situación absurda; también deben arriesgarse a ir hasta Sant Agustí. «Es un verdadero calvario», dice Rosselló, mencionando las dificultades con el transporte público y la falta de aparcamiento. «No hay señalización adecuada para las salidas ni puertas antipánico». Cada día que pasa sin solución agrava aún más su frustración.
Apenas hace tres semanas, Belén Soto, regidora de Infraestructures i Accessibilitat, convocó una reunión para tratar estos asuntos urgentes pero hasta ahora nadie del IB Salut ha respondido a sus llamadas o correos. La indignación crece; sus mayores merecen atención médica y no pueden seguir esperando a que alguien haga algo.
Por eso, la asociación vecinal está decidida a movilizarse: «Seguramente lo hagamos a mediados de julio», concluye Rosselló con firmeza. Pero si es necesario actuar antes, no dudarán en hacerlo. La salud no puede esperar más.

