La noche de San Juan volvió a brillar en Can Pere Antoni, donde grupos de amigos se unieron para celebrar esta tradición con fervor. El agua y el fuego fueron los protagonistas indiscutibles, mientras centenares de personas llenaban la orilla, rodeados de sombrillas que pintaban el paisaje de colores vibrantes.
Como manda la costumbre, muchos se tomaron muy en serio la delimitación de su espacio en la playa. Con cuerdas y cintas, convertían ese rincón del mar en un laberinto impracticable. Pero eso no detuvo la alegría; al contrario, le dio un toque particular a la celebración. Este día especial se le atribuyen poderes místicos que prometen acompañarte durante todo el año si sabes aprovecharlos. Eso es lo que intentaron Elena y Martín, quienes llegaron listos para pedir sus deseos. Elena había estado buscando consejos en internet y trajo consigo unos papeles llenos de anhelos; mientras confesaba con una sonrisa que ella cree más que él. Martín se reía y admitía que solo lo hacía “por si acaso”.
Deseos bajo las estrellas
La velada transcurrió entre risas, barbacoas y celebraciones inesperadas como cumpleaños. La medianoche marcó el momento mágico: un instante entre dos días donde todos corrieron hacia el mar para sumergirse y lanzar sus deseos al viento. Ana, una colombiana que venía por primera vez junto a amigos, compartió su experiencia: “Para mí es simple: tocar el agua, quemar papeles y algunas cosas más”.
A medida que pasaba la noche, era evidente que los elementos primordiales siempre están presentes: el agua refrescante y el fuego reconfortante nos recordaron las creencias ancestrales que permanecen vigentes año tras año. Aunque los tiempos cambian —de walkmans a altavoces inalámbricos— hay algo inmutable en estas tradiciones. Incluso un predicador gritaba sobre el juicio final desde una esquina cercana, pero ni siquiera esas advertencias lograron desviar a los asistentes de sus sueños.

