El ambiente en la Lonja y el Born está cargado de indignación. Este jueves, los vecinos no podían ocultar su frustración tras enterarse de que varios carteles, colocados con cariño y esfuerzo por la comunidad, habían sido retirados sin previo aviso. Todo comenzó cuando, según cuentan, diez letreros desaparecieron misteriosamente el miércoles. Al día siguiente, recibieron una llamada de la Policía Local advirtiendo que «lo de los letreros no lo hemos hecho bien». En un tono casi paternalista, les indicaron que los anclajes utilizados no estaban a la altura y que algunos podrían ser peligrosos.
Defensores de su libertad
Los vecinos se quedaron perplejos. ¿Por qué ahora? Se preguntaban mientras recibían respuestas vagas sobre «órdenes internas» del cuerpo policial. No se dieron más explicaciones ni se concretaron las consecuencias si decidían ignorar esta instrucción. La asociación de vecinos remarcó que esos mismos anclajes habían sostenido mensajes como «silencio, respeto y civismo» durante años sin ningún problema, incluso desafiando tormentas.
Aún así, están decididos a seguir adelante con su mensaje cívico. Con determinación afirmaron: «Que no se preocupen, colgaremos nuestros carteles de balcón a balcón y bien altos para que nadie pueda robarlos». Y es que este intento por silenciarles solo ha avivado más su espíritu comunitario.
Finalmente, esa misma tarde agentes de la Policía y Bomberos terminaron por retirar los pocos carteles que aún quedaban en pie. Con ello, se llevaron parte del alma festiva del barrio; algo pagado por los propios vecinos que ven en esta acción un ataque directo a su libertad de expresión.
Como dicen muchos: “Ya no es como antes”. La Lonja ha cambiado mucho desde aquellos días descontrolados de los 90 y 2000. Hoy día hay un constante tira y afloja entre el deseo de atraer turismo y mantener un vecindario vivo. Pero lo cierto es que cada vez más parecen ser los intereses económicos quienes dictan las normas en lugar del bienestar comunitario.

