Este martes, la escena en Sa Feixina fue todo un espectáculo. Con el amanecer, operarios de Emaya se pusieron manos a la obra para limpiar las pintadas antifascistas que aparecieron justo antes de una concentración del grupo Núcleo Nacional. Los grafitis llevaban mensajes contundentes como ‘Racismo nunca más, fascismo ni ahora ni nunca’, un grito claro contra el odio que no se puede ignorar.
Un acto simbólico y un eco del pasado
No solo las paredes estaban marcadas; incluso el agua del monumento se tiñó de rojo, simbolizando las víctimas de la Desbandá, un recordatorio trágico donde el crucero Baleares participó en bombardeos indiscriminados sobre civiles. Y es que esta situación no es nueva. El pasado 24 de mayo, los convocados por Núcleo Nacional apenas lograron reunir a 18 personas con sus rostros cubiertos, evidenciando así la falta de apoyo real detrás de su ideología.
Pero lo más llamativo fue cómo, justo antes de su reunión neonazi, el lugar se transformó con esas pintadas y ese agua roja. En medio de este ambiente tenso, uno de los portavoces del grupo lanzó un discurso cargado de nostalgia por ‘valores’ que muchos consideran obsoletos: ‘Honor, disciplina y servicio a la patria’. Sin embargo, mientras esto sucedía, unos 200 antifascistas se congregaban al otro lado en el Consolat de la Mar para dejar clara su postura en contra del odio.
A medida que avanzan los días, Sa Feixina sigue siendo objeto de debate. Su inclusión en el catálogo estatal de símbolos contra la memoria democrática ha levantado ampollas y ha generado exigencias sobre su retirada o derribo. La tensión está servida y parece que esta historia aún tiene mucho camino por recorrer.

