En Palma, un capítulo que comenzó hace más de un siglo está llegando a su fin. Aquellos ecos de los cascos de los caballos, que durante tanto tiempo han sido parte del paisaje urbano, se van apagando para dar paso a una nueva era, la era eléctrica. Desde 1882, las calles de esta hermosa ciudad han visto paseos dominicales llenos de encanto y tradición, donde las damas disfrutaban en lujosos carruajes tirados por mulas o caballos. Pero hoy todo eso está cambiando.
Una transformación necesaria
Las emblemáticas calesas, que han representado el alma turística de Palma desde hace décadas, están viviendo un momento crucial. Los caleseros, quienes han mantenido viva esta actividad profundamente arraigada en nuestra historia local desde mediados del siglo XX, se enfrentan al desafío de adaptarse a un nuevo modelo que promete ser más sostenible. El cambio hacia vehículos eléctricos no solo marca una diferencia en el transporte turístico; también es un acto simbólico que refleja nuestra evolución como sociedad.
El término ‘calesa’, proveniente del francés ‘calesse’, ha viajado por Europa desde el siglo XVI como un medio ligero para disfrutar de paseos urbanos. En nuestra ciudad, estos carruajes comenzaron a popularizarse con el auge del turismo en los años 50. Con registros históricos que datan desde marzo de 1958, las galeras han transportado a visitantes por nuestros lugares más icónicos: la Catedral, la Llonja y la Playa de Palma.
Aunque aún hay 28 licencias activas en circulación —15 en la zona de la Catedral— y precios que oscilan entre 30 y 50 euros según el trayecto elegido, los tiempos están cambiando. Progreso en Verde celebra este avance como una victoria por el bienestar animal y la protección ambiental. Su portavoz Guillermo Amengual destaca: “La presión social ha hecho que cada vez menos turistas opten por este transporte”.
No obstante, no todos están listos para dejar atrás lo conocido; algunos caleseros aún resisten ante esta transición hacia lo eléctrico. Sin embargo, parece haber luz al final del túnel: cerca del 90% se muestra dispuesto a abrazar el cambio con apoyo financiero tanto del Ajuntament como del Govern balear.
A medida que las nuevas galeras eléctricas comienzan a tomar forma —con diseños elegantes y confortables— se percibe una mezcla de emoción y nostalgia entre quienes solían ver pasar aquellos tradicionales carruajes tirados por caballos. Algunos jóvenes ya expresan su entusiasmo: “¡Estas sí nos gustan!”. Y así avanza Palma hacia adelante: dejando atrás un pasado cargado de tradición pero sin olvidar nunca su esencia.

