Este martes, el parque de Son Gibert se convirtió en el escenario de una auténtica reivindicación vecinal. Con pancartas en mano y un espíritu colectivo, representantes de diversas asociaciones se agruparon frente al kiosko abandonado para hacer sonar su voz: ¡queremos un espacio social! La necesidad es palpable; las entidades sociales de la zona están ansiosas por utilizar estas instalaciones que llevan años tiradas a la basura.
Acudieron personas de todas partes: vecinos del Vivero y Rafal Nou, miembros de Jovent, sociedades benéficas y clubes para mayores. Todos ellos tienen algo en común: la falta de un lugar donde reunirse y desarrollar actividades que beneficien a la comunidad. Como bien señala Rafael García, presidente de la Associació de Veïns del Vivero, «hasta ahora el kiosko siempre había sido un bar, pero lleva años sin gestión y acaba desierto». Es como si este sitio hubiera sido olvidado en medio del deterioro.
Un grito por el cambio
La situación es crítica. Rafael alerta sobre el estado del kiosko: «Se ha ido deteriorando con el tiempo. Está en una zona con problemas de delincuencia y los cristales rotos son una constante». A nadie le interesa gestionar lo que no tiene futuro; así que aquí están los vecinos exigiendo un cambio. Y es que esta no es solo una cuestión local; se trata de poner sobre la mesa cómo se deben usar los espacios públicos.
Trini Gutiérrez, presidenta de la Associació de Veïns de Rafal Nou, también estaba allí con sus pancartas. Ella pide a gritos que ese kiosko se convierta en un centro social: «No queremos más bares porque eso siempre depende del lucro. Este lugar debe ser para todos nosotros». ¿Por qué dejarlo caer en el abandono cuando puede ser revivido? La respuesta parece sencilla para aquellos que ven más allá del beneficio económico.
Así está la historia hoy en Son Gibert; un grupo unido clamando por su derecho a tener un espacio digno donde encontrarse y compartir experiencias. No estamos hablando solo de ladrillos y mortero; hablamos de construir comunidad.

