La historia de la tan esperada reducción de la jornada laboral en España ha tomado un giro inesperado. La formación Junts, con una decisión que llegó casi al cierre del día, ha confirmado que mantendrá su enmienda a la totalidad contra la propuesta del Ministerio de Trabajo. ¿El resultado? Un golpe seco para uno de los proyectos más destacados de nuestra vicepresidenta Yolanda Díaz, quien había soñado con establecer una jornada semanal de 37,5 horas, alejándonos así del agobiante límite actual de 40.
Un camino lleno de obstáculos
Esta firme postura por parte de los independentistas catalanes, sumada a los votos negativos ya anunciados por PP y Vox, deja el proyecto sin posibilidades en el Parlamento para la sesión prevista este miércoles. Es un descalabro considerable para el Gobierno, que había hecho de esta reforma una prioridad clara en su agenda laboral hacia 2025.
Desde el Ministerio han expresado su frustración ante este desenlace. Aunque afirman que «la medida está ganada en la calle», lo cierto es que no han conseguido avanzar legislativamente. Joaquín Pérez Rey, secretario de Estado de Empleo, no se ha mordido la lengua al calificarlo como «una alianza contranatural» entre las fuerzas derechistas contra los derechos laborales.
Por otro lado, Josep Rius, portavoz y vicepresidente de Junts, nos recuerda que ellos temen por la pérdida real de empleos si se lleva a cabo esta propuesta. Dicen que cerrar empresas podría ser una realidad si no se gestionan adecuadamente estas nuevas condiciones laborales. “Queriendo reducir la jornada laboral –explica Rius– hay trabajadores que pueden pasar de 40 horas a 0”. Además critican la falta de propuestas concretas sobre mejoras salariales y cómo esto podría poner en jaque a muchas pequeñas y medianas empresas catalanas.
A pesar del esfuerzo por encontrar un punto medio durante las últimas horas, incluyendo conversaciones directas entre Díaz y Puigdemont, todo parece haber sido en vano frente a una posición inamovible. Este es solo uno más entre tantos intentos frustrados por modernizar nuestras relaciones laborales.
A pesar del revés sufrido ahora, fuentes dentro del Ministerio aseguran que no van a tirar la toalla; todavía hay esperanza para impulsar esta medida más adelante. Pero mientras tanto, esos 12,7 millones de asalariados que trabajan jornada completa seguirán atrapados bajo el mismo régimen establecido desde hace más de cuatro décadas.

