Este sábado, Francia se enfrenta a su cuarta jornada consecutiva de manifestaciones. Con el eco de las voces que claman por un cambio, el Gobierno ha decidido desplegar 70.000 policías y gendarmes en todo el país. La advertencia está clara: están listos para actuar contra cualquier acto vandálico o violento que pueda surgir.
Laurent Nuñez, el ministro del Interior, ha subrayado la postura firme del Ejecutivo hacia quienes intenten alterar el orden público. Aunque apoyan las manifestaciones pacíficas, han dejado claro que no tolerarán comportamientos violentos. “El apoyo es total a quienes quieren expresarse sin romper las normas”, afirmó en un comunicado oficial.
Medidas drásticas ante la incertidumbre
No obstante, la situación se complica cuando muchas de las convocatorias para este sábado no tienen organizadores claros ni interlocutores sindicales. Estos llamamientos espontáneos suelen ir acompañados de mensajes incendiarios en redes sociales que invitan a la violencia y al vandalismo. En respuesta a esto, el Ministerio ha optado por una estrategia decidida: “Los vándalos y saqueadores serán arrestados”, advirtieron desde Interior.
A diferencia de jornadas anteriores donde las protestas se desarrollaron sin incidentes graves en los lugares donde se respetaron los itinerarios establecidos, esta vez las autoridades han querido ser cautelosas. El despliegue incluye además vehículos blindados, cañones de agua e incluso drones sobrevolando algunas áreas críticas.
En varias ciudades ya se han prohibido reuniones en zonas donde previamente hubo disturbios y donde la tensión podría resurgir fácilmente. Para las manifestaciones autorizadas, los organizadores han tenido que negociar recorridos alternativos lejos de estos puntos conflictivos. Y no solo eso; habrá controles exhaustivos en carreteras y estaciones ferroviarias para requisar objetos peligrosos que pudieran usarse como armas.
Las pancartas también estarán bajo vigilancia: si llevan mensajes que inciten a la violencia o insultos, podrían ser intervenidas por los agentes presentes. Así es como Francia aborda una nueva jornada llena de incertidumbres y tensiones por el alto coste de la vida, después de una semana marcada por bloqueos y una huelga general donde se estimó una participación entre 600.000 personas según Interior y casi 1,6 millones según la CGT.

