En una jornada que promete ser histórica, miles de neozelandeses se dirigen a las urnas este sábado, en unas elecciones generales que están más reñidas que nunca. A un lado del ring tenemos al primer ministro conservador Christopher Luxon, y enfrente, al ex primer ministro laborista Chris Hipkins. Este combate electoral no es solo por el poder, sino por la vida cotidiana de la gente: el coste de la vida, el desempleo y la sanidad están sobre la mesa como temas clave.
Un empate que podría decidirse por los pequeños
Las encuestas han puesto a ambos partidos en un emocionante empate técnico. La realidad es que ninguno parece capaz de alcanzar los escaños necesarios para gobernar sin apoyo. Aquí es donde entran en juego esos partidos minoritarios que podrían ser los héroes o villanos de esta historia: desde los aliados tradicionales del Partido Nacional, como ACT y New Zealand First, hasta los verdes y los maoríes. Cualquiera puede inclinar la balanza hacia uno u otro candidato.
La campaña ha estado centrada fundamentalmente en cómo mejorar la economía. Los conservadores han lanzado su estrategia destacando un superávit presupuestario gracias a ajustes fiscales y prometiendo fortalecer el sistema nacional de pensiones. Mientras tanto, los laboristas no se quedan atrás; ellos ponen el foco en bajar el coste de la vida con promesas de sanidad accesible y transporte más barato.
Nueva Zelanda tiene su propia forma de hacer las cosas: cada tres años celebran comicios generales bajo un sistema proporcional mixto para elegir a sus 120 representantes. Las urnas cerrarán a las 19:00 horas (hora local), y se espera que en cuestión de horas podamos conocer hasta el 95% de esos resultados preliminares. ¡Que empiece el espectáculo!

