En un debate que ha generado más revuelo del esperado, Giorgia Meloni, la primera ministra italiana, se plantó firme este miércoles ante el Senado de su país para defender la decisión de suspender temporalmente el acuerdo de libre circulación de Schengen con España. Esta medida, tomada el 1 de agosto en medio de la crisis migratoria en Ceuta, es para ella algo habitual y justificado por una evaluación de seguridad. «No podemos aceptar que la defensa de nuestras fronteras sea vista como un derecho solo para algunos», afirmó Meloni con determinación.
La polémica desatada y las acusaciones a la oposición
Con un tono casi incredulidad, Meloni criticó a los partidos opositores que parecían más preocupados por defender al Gobierno español que por velar por la seguridad italiana. «Es surrealista», dijo mientras apuntaba al Partido Democrático-Italia Democrática y Progresista (PD-IDP), tradicional aliado del PSOE español. Para ella, esta reacción política es simplemente un intento de desprestigiar su gestión.
A finales de septiembre, Italia decidió extender los controles fronterizos durante otros quince días debido a lo que calificaron como condiciones persistentes tras la llegada masiva de migrantes. «Nuestra decisión está respaldada por el Código Schengen», recordó Meloni, señalando que este tipo de controles se han aplicado casi 500 veces desde 2006, incluyendo numerosos casos donde Italia fue afectada. Además, mencionó cómo Francia ha mantenido sus propios controles durante más de diez años.
«Así que resulta complicado argumentar que Italia no tiene derecho a hacer uso de una herramienta utilizada en su contra tantas veces», concluyó Meloni con una mezcla de orgullo y desafío. Una situación sin duda compleja en el tablero político europeo donde las decisiones sobre migración siguen siendo tema candente.

