Este sábado, las calles de Portadown, en Irlanda del Norte, se convirtieron en un auténtico hervidero de emociones. Miles de personas salieron a manifestarse, divididos entre quienes apoyan la marcha de la Orden de Orange y aquellos que rechazan con firmeza esta celebración en un barrio históricamente católico como es Garvaghy.
La líder del Sinn Féin, Mary Lou McDonald, presente en el acto, expresó su gratitud a los asistentes por su valentía. «Os doy las gracias por tener el valor de resistir. Marcáis la diferencia. Vamos a vencer y no habrá desfile orangista por esta calle. Ni ahora ni nunca», afirmó con determinación. Junto a ella, también estaban figuras importantes como Michelle O’Neill, ministra principal norirlandesa y líder del Sinn Féin para Irlanda del Norte, así como el exlíder Gerry Adams y Breandán Mac Cionnaith, presidente de la asociación vecinal de Garvaghy.
Un legado complicado y tensiones renovadas
Mac Cionnaith fue claro durante su intervención: «Solo hay una decisión aceptable para los hombres, mujeres y niños de esta comunidad y es que no haya desfile orangista. Ninguno». Las marchas orangistas tienen un pasado turbulento; fueron responsables de disturbios que dejaron 21 muertos durante los años 90 en medio del conflicto armado irlandés. Aunque estos desfiles se prohibieron tras los Acuerdos de Viernes Santo, la Comisión de Desfiles norirlandesa decidió reactivarlos recientemente, lo que desató una oleada de protestas entre los nacionalistas irlandeses.
A pesar del despliegue policial masivo, algunos simpatizantes intentaron continuar con el desfile este fin de semana. El presidente distrital de la Orden de Orange, Nigel Dawson, insistió: «Seguimos esperando a que el jefe de Policía haga su trabajo y permita el desfile conforme a la legalidad».
No obstante, otras voces unionistas advirtieron que si no se permite la marcha debería caer el gobierno autonómico norirlandés creado tras un delicado acuerdo entre Sinn Féin y el Partido Unionista Democrático (DUP). Desde Londres, Chris Bryant, secretario británico para Irlanda del Norte, hizo un llamado a mantener la calma e instó al diálogo para evitar más conflictos: «Un conflicto prolongado al final no le interesa a nadie».
Casi tres décadas después del fin oficial del conflicto armado que dejó más de 3.500 muertos, sigue presente una tensa convivencia entre dos comunidades cuyas heridas aún no han sanado completamente.

