En medio de un clima de frustración y desánimo, los sindicatos de estudiantes en Francia han decidido que no van a dar un paso atrás. Tras una reunión fallida con el ministro de Educación, Édouard Geffray, este viernes, queda claro que la lucha por mejorar la educación sigue en pie. La promesa de cambio parece lejana cuando los estudiantes apenas recibieron «respuestas vagas» a sus preocupaciones sobre horarios escolares, salud mental y las deplorables condiciones de muchos edificios educativos.
La rabia se apodera de las calles
En una rueda de prensa cargada de emoción, tres representantes estudiantiles expresaron su desencanto. «Nos han escuchado, pero ¿qué hay del compromiso?», lamentaron ante los medios franceses. Y es que el ministro ni siquiera ha ofrecido su versión tras lo ocurrido. Pero eso no es todo; la tensión ha estallado en las calles con protestas que ya dejan más de 2.000 detenidos y daños materiales millonarios. En Nantes, por ejemplo, el vestíbulo del instituto Nelson Mandela fue devastado por un incendio provocado durante las manifestaciones.
A medida que las movilizaciones se extienden desde París hasta otras ciudades como Lille, Burdeos o Marsella, la situación se torna crítica. Según el ministro del Interior, Laurent Nuñez, al menos 83 policías han resultado heridos mientras intentan controlar estas revueltas. Los estudiantes están firmes: es hora de hacer oír su voz en defensa del futuro educativo que merecen.

