El 1 de septiembre se convertirá en un día emblemático para los colegios cristianos de Jerusalén, que han decidido suspender las clases en una clara manifestación de rechazo hacia la negativa del Gobierno de Israel a renovar los permisos de entrada para más de 70 profesores y personal educativo provenientes de Cisjordania. La Secretaría General de Instituciones Educativas Cristianas ha hecho pública esta decisión tras escuchar a padres y comunidad educativa, dejando claro que no volverán a las aulas hasta que todos los permisos sean renovados.
Una situación insostenible para la educación
“La falta de este número considerable de profesionales afecta no solo a la enseñanza, sino también a servicios esenciales como la administración y la salud”, explican desde las instituciones educativas. Es difícil imaginar un inicio del curso seguro y estable sin ellos. Los colegios cristianos están profundamente preocupados; según datos recientes, esto podría impactar a unos 8.500 estudiantes, dejando a muchos sin acceso adecuado a su derecho fundamental: la educación.
Las escuelas han reafirmado su compromiso con formar generaciones basadas en valores sólidos y sentido de pertenencia, pero reconocen que las decisiones del Gobierno israelí, liderado por Benjamin Netanyahu, dificultan enormemente esa misión. “Esto tiene un efecto negativo no solo en los alumnos, sino también en sus familias y toda nuestra comunidad”, subrayan con preocupación.
Añadiendo más leña al fuego, la gobernación de Jerusalén ha denunciado que 45.000 estudiantes palestinos tendrán que adaptarse al currículo israelí desde este nuevo curso escolar, abandonando el plan educativo implementado por la Autoridad Palestina desde los años noventa. “Este cambio es parte de una estrategia más amplia para borrar nuestra identidad y distorsionar la narrativa nacional entre nuestros jóvenes”, aseguran rotundamente.

