En un momento tenso y decisivo, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha lanzado un claro mensaje a dos de sus aliados más controvertidos: Itamar Ben Gvir, líder del partido ultraderechista Otzma Yehudit y actual ministro de Seguridad, y Bezalel Smotrich, cabeza del Sionismo Religioso y ministro de Finanzas. Con las elecciones del 27 de octubre a la vuelta de la esquina, Netanyahu les insta a dejar atrás sus diferencias personales y unir fuerzas para evitar una derrota que podría ser catastrófica.
Un llamado a aprender del pasado
Recordando lo sucedido en 1992, cuando la división en las filas derechistas llevó a una dolorosa derrota ante la izquierda –con consecuencias que se han sentido hasta hoy–, Netanyahu parece estar haciendo todo lo posible para evitar que se repita la historia. “Cada vez que nos unimos, ganamos”, asegura con fervor en su declaración en vídeo.
Sin embargo, el camino hacia esa unión no es tan simple. Ben Gvir ha respondido al mensaje del primer ministro con cierta desconfianza, acusándolo de querer debilitar su partido para formar un gobierno con el centrista Eisenkot. Asegura que cualquier alianza con Smotrich podría costarles votos cruciales y poner en riesgo el futuro del propio Estado israelí.
La tensión entre estos líderes políticos refleja una lucha interna dentro de la derecha israelí que podría tener repercusiones serias en las próximas elecciones. ¿Lograrán dejar de lado sus rencillas personales por el bien común? La respuesta está por verse mientras los ciudadanos observan cómo se desarrolla este drama político.

