En un giro inesperado, el presidente del Tribunal Supremo de Estados Unidos, John Roberts, ha dado luz verde a Donald Trump para seguir adelante con la construcción del nuevo salón de baile en la Casa Blanca. Mientras muchos se preguntan si esta es una buena idea, lo cierto es que Roberts ha decidido suspender una orden judicial que había frenado este proyecto, alegando que la administración estaba incumpliendo la ley al avanzar sin el visto bueno del Congreso.
Aquí es donde las cosas se ponen interesantes: a pesar de que esta obra tiene un coste desorbitado de 400 millones de dólares y está apenas al 65% de su finalización, parece que todo sigue adelante como si nada. La orden provisional de Roberts fue breve y sin mayores explicaciones, lo que ha dejado a más de uno rascándose la cabeza.
Una obra polémica en tiempos difíciles
¿Realmente necesitamos un nuevo salón de baile? En un momento donde hay tantas prioridades sociales y económicas pendientes, este proyecto parece un capricho más que una necesidad. Mientras algunos celebran el avance de estas obras fastuosas, otros no pueden evitar sentir que se están tirando los recursos a la basura.
No podemos olvidar que en medio de este despliegue también hay realidades mucho más duras. Cientos de migrantes luchan por sobrevivir en condiciones precarias y aquí estamos hablando de una sala para bailar. Las prioridades parecen estar claramente desalineadas.

