MADRID, 18 Ago. (EUROPA PRESS) – Hoy nos llega una noticia desgarradora: más de 75.000 niños y adolescentes en Colombia han visto cómo su acceso a la educación se ha visto truncado por el terremoto que sacudió el sur del país el pasado 10 de agosto, un desastre que ya se lleva casi 300 vidas. La situación es alarmante; más de 3.200 centros educativos han sido dañados y, lamentablemente, 263 escuelas están completamente destruidas.
Olga Lucía Zuluaga, portavoz de UNICEF, no puede ocultar su preocupación al afirmar que «miles de familias lo han perdido todo: sus casas, sus escuelas… Han perdido su sentido de seguridad y tranquilidad». Nos recuerda la urgencia de ofrecer apoyo psicosocial y crear espacios seguros para los más pequeños, así como restablecer la educación.
Un panorama complejo para las comunidades afectadas
Las zonas más vulnerables como Buenaventura y Chocó son las que ahora sienten con más fuerza el impacto del terremoto, ya que muchas familias ya enfrentaban dificultades extremas antes del desastre. Para ellos, la escuela no solo es un lugar donde aprender; es un refugio donde pueden encontrar apoyo y protección frente a peligros como la violencia o el reclutamiento por grupos armados.
En Chocó, entre 2021 y 2025, Naciones Unidas verificó hasta 180 violaciones graves contra menores en medio del conflicto armado. Es un contexto aterrador que hace aún más urgente la labor de UNICEF junto al Ministerio de Educación colombiano para asegurar que estos niños puedan regresar cuanto antes a espacios seguros donde aprender.
A pesar del desánimo generalizado, hay pequeñas luces en medio de esta tragedia: se han repartido más de 600 kits de higiene familiar y menstrual en Chocó; además, se están adecuando los baños en uno de los principales albergues y un camión cisterna está proporcionando agua segura. En Buenaventura también se han distribuido otros 200 kits esenciales.

