Este lunes, a primera hora, Colombia se vio sorprendida por un fuerte terremoto de magnitud 7,4 que tuvo su epicentro cerca de San José del Palmar, en el departamento del Chocó. El temblor, que se registró a las 7:34 horas, no solo estremeció la tierra; también colapsó edificios en varias ciudades como Quibdó, Pereira, Cali y Manizales. Esas imágenes de estructuras derrumbándose nos dejan una sensación de angustia.
La situación es crítica
A pesar de que todavía no hay cifras oficiales sobre víctimas, los informes preliminares indican que al menos nueve departamentos han sentido el impacto. La gobernadora del Chocó, Nubia Córdoba, compartió su preocupación en redes sociales: «Acabamos de pasar un grave evento sísmico… Nos preocupan las réplicas». Las calles se llenaron rápidamente de personas inquietas que buscaban respuestas y ayuda.
Cali no escapó del desastre. Su alcalde, Alejandro Eder, alertó sobre daños estructurales en varios edificios y pidió calma a los ciudadanos: «Hacemos un llamamiento a los caleños a conservar la calma…» Sin embargo, la realidad es dura; al menos 20 edificios colapsados y personas atrapadas generan un ambiente desesperante.
No solo las viviendas sufrieron; los aeropuertos locales también se vieron afectados. Pereira, Manizales y otros aeródromos reportaron daños significativos y suspendieron operaciones aéreas hasta nueva evaluación.
En medio del caos, el presidente Abelardo de la Espriella tomó las riendas. Anunció la creación de un Puesto de Mando Unificado para gestionar esta crisis con eficacia: «He ordenado coordinar la atención a los damnificados». Además, aseguró estar presente en Pereira para acompañar a quienes han sufrido este durísimo golpe.
A pesar de tantas malas noticias, hubo algo que tranquilizó momentáneamente: la Autoridad Marítima descartó cualquier amenaza de tsunami para la costa colombiana. Pero queda mucho por hacer y el camino hacia la recuperación será largo. La comunidad espera respuestas rápidas ante esta tragedia inesperada.

