El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, no ha tenido reparos en calificar la situación de su país como un ‘genocidio fríamente calculado’. En un discurso lleno de emoción y contundencia, dejó claro que el bloqueo estadounidense no es solo una estrategia política, sino ‘un arma de guerra que causa muertes’. Durante la conmemoración del 73 aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, recordó cómo aquel hecho fue el inicio de la Revolución Cubana que cambiaría el rumbo de la isla en 1959.
La crítica directa a Estados Unidos
Díaz-Canel no se quedó ahí. Acusó a Washington de haber intensificado su hostilidad hacia Cuba al aplicar sanciones cada vez más severas. Equiparó a los funcionarios del Departamento de Estado con ‘los nazis en la Segunda Guerra Mundial’, denunciando una política que busca ahogar económicamente al pueblo cubano. ‘Las últimas sanciones rompen el récord de la infamia’, clamó, refiriéndose a las medidas que afectan directamente a los servicios médicos y a los profesionales de la salud pública.
El líder isleño también hizo hincapié en que Cuba no es una amenaza para nadie. Aseguró que ‘la única amenaza para la paz mundial está en las políticas agresivas que causan hambre y migraciones descontroladas’. Y advirtió sobre el doloroso impacto del bloqueo: ‘Más de 100.000 cirugías no pueden ser planificadas ni ejecutadas’ debido a los apagones constantes y la falta de recursos necesarios.
En sus últimas palabras, invitó al pueblo cubano a mantenerse firme ante las adversidades: ‘Esta es nuestra batalla económica y social’, afirmó, resaltando la importancia de seguir adelante con transformaciones profundas y necesarias. Con un mensaje claro, reafirmó que Cuba será siempre un país soberano donde nadie tiene derecho a decidir sobre su futuro.

