En la tarde del 15 de julio, mientras muchos de nosotros disfrutábamos de un día cualquiera, el Ejército de Estados Unidos decidió que era hora de poner en marcha una segunda oleada de ataques sobre Irán. Todo esto, claro está, bajo el pretexto de proteger la libre navegación por el estrecho de Ormuz. ¿Pero a qué precio? Este nuevo asalto se suma al primero realizado esa misma jornada y, según el Mando Central del Ejército estadounidense (CENTCOM), busca debilitar las capacidades militares iraníes.
Una situación cada vez más tensa
A través de sus redes sociales, CENTCOM anunció que los ataques comenzaron a las 15:00 (hora del este), dejando claro que esta acción es parte de un esfuerzo para “hacer rendir cuentas” a Irán. El propio presidente Donald Trump ha estado al tanto y no ha dudado en dejar claro que no se siente cómodo estableciendo plazos para una posible respuesta militar: “Más les vale portarse bien”, aseguró desde Pensilvania, antes de asistir a una cumbre.
Mientras tanto, las autoridades iraníes ya han confirmado que uno de los proyectiles estadounidenses impactó cerca de Bandar Abbas. Sin embargo, todavía no hay información sobre posibles víctimas. En un contexto donde la tensión crece cada día más, nos preguntamos: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar en esta escalada bélica? Es hora de reflexionar y cuestionar si realmente esta es la vía correcta o si solo estamos tirando a la basura cualquier posibilidad de diálogo.

