ANKARA, 8 de julio. En un escenario marcado por las contradicciones, la cumbre de la OTAN en Ankara llegó a su fin tras dos intensos días. Todo comenzó con Donald Trump lanzando dardos afilados hacia sus aliados, incluso descalificando a España como «malas personas» por no aumentar el gasto militar al 5% del PIB. Sin embargo, lo que parecía ser una cita condenada al fracaso terminó transformándose en un encuentro donde él mismo proclamó un rotundo «éxito» y habló de «unidad» y «amor» entre los presentes.
Un giro inesperado
El presidente estadounidense, que llegó a Turquía cargado de críticas, se fue convencido de que había logrado unir a sus socios. Aseguró haber dicho al secretario general de la OTAN que era una pena que los medios no pudieran ver lo que realmente ocurría en esa sala: «La unidad ha sido increíble… Si hubierais podido sentir el respeto y el amor por nuestro país», compartió con entusiasmo. Pero esto contrasta drásticamente con las diatribas que lanzó horas antes, donde tachó a España y otros países europeos de ser «socios terribles».
En medio del ruido generado por sus acusaciones sobre Dinamarca y Groenlandia, los líderes europeos optaron por minimizar las palabras incendiarias del mandatario estadounidense. Desde Bélgica hasta Noruega, todos coincidieron en que Europa está dando pasos firmes hacia su propia seguridad y asumiendo responsabilidades financieras dentro de la organización.
Pedro Sánchez, el presidente español, se mostró calmado ante las amenazas comerciales de Trump y prefirió abordar cuestiones más amables durante su encuentro informal con él antes de hacerse la foto familiar. Esta estrategia parece haber funcionado; mientras Trump hablaba de amor en la sala, Rutte hizo hincapié en hechos concretos: Europa está invirtiendo cada vez más en defensa.
A pesar del despliegue protocolario rodeando esta cumbre –donde los gatos callejeros hicieron una inesperada aparición– uno no puede dejar de preguntarse si toda esta aparente armonía es más sólida que las palabras volátiles del presidente estadounidense. Con tanto revuelo alrededor de las promesas de inversión militar conjunta y nuevas adquisiciones armamentísticas, solo el tiempo dirá si este nuevo aire durará o si volverán las viejas tensiones.

