Este martes, la tranquilidad de Damasco se vio brutalmente interrumpida por el estallido de dos bombas que dejaron a al menos 18 personas heridas. Las explosiones, según informan las autoridades locales, tuvieron lugar cerca del Ministerio de Turismo y a escasa distancia del hotel donde se hospeda el presidente francés, Emmanuel Macron.
Las imágenes que han comenzado a circular muestran el caos tras los incidentes. Cuatro policías entre los heridos nos recuerdan que el peligro acecha incluso en momentos que deberían ser diplomáticos. El Ministerio del Interior sirio ha explicado que uno de los artefactos estaba oculto en un coche aparcado y el otro dentro de una papelera. Por ahora, nadie ha reclamado la autoría de estos ataques.
Un contexto delicado
Las explosiones estallaron justo después de que Macron llegara al Palacio del Pueblo para reunirse con Ahmed al Shara, el presidente de transición sirio. Este encuentro es histórico: es la primera vez que un líder europeo visita Siria desde 2008, un país marcado por conflictos y tensiones políticas tras la guerra civil iniciada en 2011. En aquel entonces, las calles clamaban por libertad durante la ‘Primavera Árabe’. Ahora, Francia busca explorar nuevas vías para colaborar con Siria.
No podemos ignorar lo complicado del panorama; Al Shara ha sido considerado un personaje controvertido por su pasado al frente del grupo yihadista Hayat Tahrir al Sham. Sin embargo, este viaje puede abrir puertas cerradas durante años. La situación se torna aún más interesante cuando consideramos que hace apenas tres meses estuvo en Siria Volodimir Zelenski, el presidente ucraniano.
El Elíseo ha dejado claro que entre los temas a tratar habrá oportunidades para reforzar las relaciones bilaterales y discutir sobre cuestiones regionales e internacionales. La esperanza es que esta conversación pueda traer algo positivo en medio de tantas sombras históricas.

