En un ambiente tenso y lleno de incertidumbre, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha vuelto a dejar claro que la retirada de las fuerzas israelíes del sur de Líbano está totalmente atada al desarme de Hezbolá. Durante su visita a las tropas en la frontera con el país vecino, Netanyahu no dudó en señalar que mientras el grupo chií continúe armado y representando una amenaza para Israel, sus soldados permanecerán allí. «No abandonaremos el sur de Líbano hasta que la amenaza haya sido eliminada», aseguró con firmeza.
La creación de zonas de seguridad
Acompañado por altos mandos militares, incluidas figuras como el ministro de Defensa y el director del Consejo de Seguridad Nacional, Netanyahu presumió del trabajo realizado en la región. Habló sobre cómo han creado «zonas de amortiguación» no solo en su territorio sino también en tierras libanesas. Recordó con orgullo lo hecho en Gaza y enfatizó: «Lo principal que hicimos es crear zonas de seguridad».
A medida que los conflictos entre Israel y Hezbolá siguen marcando la agenda política y militar, Netanyahu celebró lo que considera logros significativos contra este grupo, describiéndolo como parte esencial del eje iraní. Mencionó las recientes operaciones militares israelíes que habrían llevado a un acuerdo marco entre los gobiernos israelí y libanés para negociar una paz duradera. Pero aquí viene lo complicado: este acuerdo no implica una retirada inmediata; más bien es un proceso gradual condicionado al desarme verificado de Hezbolá.
Mientras tanto, aunque Netanyahu celebraba los éxitos sobre el terreno afirmando haber aniquilado a 9.000 combatientes enemigos -cientos solo en las últimas semanas-, dejaba claro que aún queda un largo camino por recorrer. Afirmaciones como estas resuenan poderosas mientras él advierte tanto a Irán como a Hezbolá: «Váyanse de aquí. No tienen nada que hacer aquí».

