En Madrid, a 29 de junio. El Gobierno de Estados Unidos ha decidido dar un paso al frente y ha elevado su ayuda de emergencia para Venezuela a más de 300 millones de dólares, lo que equivale a unos 263 millones de euros. Esta decisión llega tras el doble terremoto que sacudió el país latinoamericano la semana pasada, dejando un trágico saldo de al menos 1.450 muertos y alrededor de 3.150 heridos.
El Departamento de Estado ha comunicado que, considerando las necesidades urgentes que han detectado los equipos estadounidenses en el terreno, se ha comprometido a aumentar su apoyo financiero. «Este aumento es crucial para salvar vidas», se lee en su declaración. A este respecto, la cartera liderada por Marco Rubio no ha dudado en doblar la cantidad inicialmente anunciada: 150 millones de dólares, destinados a mitigar los estragos del terremoto con magnitudes de 7,5 y 7,2 en la escala Richter.
A dónde va esta ayuda vital
No es solo cuestión de números; detrás hay historias humanas desgarradoras. Se estima que unos 50 millones de dólares serán utilizados para financiar operaciones críticas llevadas a cabo por organizaciones aliadas. Esto significa que, en total, estas entidades recibirán cerca de 200 millones de dólares, repartidos entre fondos bilaterales y el “fondo común para Venezuela” gestionado por OCHA.
Dicho esto, la atención médica urgente, asistencia alimentaria y apoyo logístico están entre las prioridades destacadas por el Departamento. Ellos insisten: «Estamos comprometidos con mantener esta respuesta y asegurarnos que el pueblo venezolano reciba todo el apoyo necesario».
A esto se suma la labor incansable desplegada sobre el terreno: cuatro equipos “de búsqueda y rescate urbano”, formados por más de 300 rescatistas y sus fieles compañeros caninos, están trabajando sin descanso. La misión es clara: localizar supervivientes y ofrecer atención médica a quienes más lo necesitan.

