En un giro devastador, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha encendido las alarmas ante la situación crítica que enfrentan miles de venezolanos tras los recientes terremotos que han sacudido el país. Con un trágico saldo que ya supera los 235 muertos y más de 4.000 heridos, la realidad es dura y despiadada. ACNUR está movilizando personal y recursos a toda prisa para hacer frente a esta emergencia humanitaria.
Las imágenes de destrucción generalizada nos llegan especialmente desde el norte del país, la zona más afectada. Y mientras la comunidad internacional observa, ACNUR se prepara para organizar ayuda y priorizar suministros según las necesidades que vayan surgiendo. Pero no podemos olvidar que ya existían riesgos serios para las poblaciones más vulnerables, y ahora esos peligros se agravan aún más. Las personas refugiadas y otros grupos en riesgo son quienes más sufren.
Una situación insostenible
Con una colaboración estrecha entre ACNUR, las autoridades locales y organizaciones humanitarias, se busca evaluar qué hace falta en las áreas impactadas por el desastre. Hay una preocupación especial por aquellos que regresaron recientemente al país; muchos de ellos ya enfrentaban dificultades enormes para reintegrarse antes del sismo.
En La Guaira, la zona golpeada con mayor dureza, se reporta el derrumbe de un centro de acogida temporal donde vivían alrededor de 140 personas que habían llegado en vuelos desde Estados Unidos. A pesar del caos, las labores de búsqueda continúan con la esperanza de encontrar sobrevivientes.
A finales de 2025, Venezuela era hogar para más de 210.000 refugiados y solicitantes de asilo; mientras tanto, 6,9 millones estaban repartidos por América Latina y el Caribe, con cuatro millones pidiendo asistencia urgente. Una encuesta reciente reveló que uno de cada tres venezolanos estaba considerando volver a su tierra natal; un deseo alimentado principalmente por el anhelo familiar.
Antes del desastre natural, ACNUR había proyectado unas necesidades financieras ascendente a casi 45 millones de dólares para 2026 en Venezuela; sin embargo, solo lograron cubrir un escaso 11%. Es crucial actuar rápidamente: como bien dicen desde ACNUR, “un apoyo oportuno será esencial” si queremos ayudar a nuestros hermanos afectados por estos desplazamientos forzados.

