MADRID, 13 Jun. (EUROPA PRESS) – En la noche pasada, un grupo de operarios se puso manos a la obra para quitar el nombre de Donald Trump del Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas, un símbolo cultural en Washington D.C. Esto ocurrió tras la decisión de un juez que invalidó su controvertida designación, considerada por muchos como un desatino egocéntrico.
Recordemos que hace unos seis meses, Trump había instruido a sus cercanos, miembros de la junta ejecutiva del centro, para renombrar el lugar en su honor. La iniciativa fue recibida con fuertes críticas y tildada como una muestra más de su megalomanía. El juez federal Christopher Cooper dio un golpe sobre la mesa al señalar que «el Congreso le dio nombre al Centro Kennedy, y solo el Congreso puede cambiarlo».
La reacción de Trump y la respuesta de la comunidad
No tardó en reaccionar ante esta decisión. A través de su plataforma Truth Social, Trump no pudo contener su ira: «Lamentablemente, el juez Cooper y la izquierda radical prefieren que el lugar desaparezca antes que permitir que el presidente Trump lo transforme en algo de lo que todos puedan sentirse orgullosos». Su defensa ha generado división entre quienes apoyan su visión y aquellos que ven este acto como una victoria necesaria.
A pesar de los intentos de apelar la decisión por parte de la junta del centro en favor del expresidente, los trabajadores comenzaron a retirar las letras esta misma madrugada. Y mientras esto sucedía, un grupo de curiosos y manifestantes celebraba en las cercanías; una escena cargada de simbolismo donde algunos veían una victoria cultural frente a lo que consideran un abuso del poder personal.

