El domingo 7 de junio, el ejército israelí lanzó otra dura advertencia. Por segunda vez en apenas dos semanas, ha instado a los más de 125.000 habitantes de Tiro, esa hermosa localidad costera libanesa, a abandonar sus hogares. ¿La razón? Se preparan para nuevas operaciones militares en su ofensiva que parece no tener fin en el sur del Líbano.
Como si fuera un guion repetido, el coronel Avichai Adrai, portavoz del Ejército israelí en árabe, ha exigido que todos los presentes en Tiro y sus campamentos cercanos, como Al Bass y Zakuk al Mufdi, se marchen de inmediato. Todo esto tras acusar a las milicias chiíes de Hezbolá de romper un alto el fuego que es más bien un espejismo.
Aumentan los ataques mientras la tensión crece
Pero eso no es todo. En las últimas horas, la agencia NNA ha informado sobre el aumento incontrolado de bombardeos israelíes sobre Nabatiye, una ciudad situada a solo 25 kilómetros al noroeste de Tiro. Y justo al sur se encuentra el río Zahrani, que ahora se ha convertido en otro objetivo militar. Mientras tanto, Hezbolá también hace lo suyo: han confirmado ataques contra vehículos y tropas israelíes alrededor de At Tiri y otros bombardeos cerca de Yohmor al Shaqif.
Así están las cosas en esta parte del mundo donde la paz parece estar más lejos que nunca. La comunidad internacional observa con preocupación cómo una vez más los civiles son quienes sufren las consecuencias de un conflicto sin fin.

