En Madrid, a 16 de mayo. La reciente cumbre en Pekín ha dejado un sabor agridulce. China y Estados Unidos han llegado a un acuerdo para reducir aranceles sobre lo que ellos llaman «productos relevantes», aunque, seamos sinceros, aún no sabemos ni qué productos son ni en qué porcentaje van a recortar esos aranceles.
El presidente chino, Xi Jinping, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, han mantenido conversaciones que desembocaron en el establecimiento de un nuevo «Consejo de Comercio e Inversiones». ¿La idea? Facilitar la comunicación entre ambos gigantes sobre comercio e inversiones. Sin embargo, las promesas quedan en el aire; como bien dijo un portavoz del Ministerio de Comercio chino: «hemos acordado en principio…». Y aquí es donde empiezan los interrogantes.
Esperanzas y realidades
A pesar de las buenas intenciones, lo cierto es que el acuerdo no especifica mucho más allá de una simple declaración. Ambos países han mencionado la posibilidad de ampliar el comercio bilateral en sectores como la agricultura mediante reducciones arancelarias mutuas, pero sin detalles concretos. ¿Cómo podemos confiar en algo tan vago?
Por si fuera poco, también se ha hablado de acuerdos relacionados con la compra de aeronaves por parte de China a EE.UU., así como garantías estadounidenses para el suministro de motores y piezas necesarias para esas aeronaves. Una buena noticia para algunos sectores… pero nos queda esa sensación persistente: muchas palabras y pocos hechos claros.

