En un giro inesperado de los acontecimientos, el Gobierno de Líbano ha decidido dar un paso al frente y presentar una queja formal ante las Naciones Unidas. La razón detrás de esta acción no es menor: acusan a Irán de inmiscuirse en sus asuntos internos y, lo que es más grave, de arrastrar al país hacia una guerra devastadora. Esta situación se ha intensificado tras la ofensiva de Israel y Estados Unidos contra Irán, que comenzó el 28 de febrero.
Una carta llena de acusaciones
El embajador libanés ante la ONU, Ahmad Arafa, ha sido claro en su misiva. No solo señala a la Guardia Revolucionaria de Irán, sino que también menciona actos ilícitos que ponen en jaque las decisiones del Gobierno libanés. Desde el 2 de marzo, Líbano ha visto cómo este conflicto se extiende peligrosamente por su territorio.
Araza comparte detalles escalofriantes sobre el ataque ocurrido el 8 de marzo en Beirut, donde seis diplomáticos iraníes perdieron la vida. Pero aquí está lo intrigante: las autoridades libanesas sostienen que nunca fueron informadas sobre el traslado de esos diplomáticos al hotel Ramada. Por su parte, el representante iraní ante la ONU afirmó haber coordinado todo con las autoridades libanesas. ¿Quién dice la verdad?
Más allá del intercambio de acusaciones, hay algo más inquietante. De los seis fallecidos, dos no estaban registrados como diplomáticos en Líbano y hay evidencias visuales que sugieren que eran miembros activos de la Guardia Revolucionaria Islámica. Esto lleva a Líbano a considerar una violación clara del artículo 41 de la Convención de Viena.
No solo eso; también han denunciado una operación conjunta entre la Guardia Revolucionaria y Hezbolá llevada a cabo el 11 de marzo con misiles y drones contra Israel, algo que genera aún más alarma en un país ya golpeado por múltiples crisis. Como colofón a esta tensión diplomática, las autoridades libanesas declararon persona non grata al embajador iraní en Beirut y le dieron un ultimátum para abandonar el país antes del 29 de marzo.

