MADRID, 12 de mayo. (EUROPA PRESS) – Hoy es un día movido en la política israelí. Varios partidos de la oposición han decidido no quedarse de brazos cruzados y han lanzado proyectos de ley que buscan disolver el Parlamento. ¿La razón? La formación ultraortodoxa Judaísmo Unido de la Torá ha dado su visto bueno para adelantar las elecciones, todo esto a raíz del estancamiento sobre una legislación que exime a los miembros de la comunidad haredi del servicio militar.
Un panorama incierto
Los opositores Yesh Atid, bajo el liderazgo de Yair Lapid, y los Demócratas de Yair Golan están liderando esta carga con sendos proyectos que podrían cambiar el rumbo político del país. Las elecciones estaban previstas para octubre, pero parece que al menos una de estas iniciativas estará en el debate la próxima semana. Esto llega tras las declaraciones contundentes del rabino Dov Lando, líder de Degel HaTorá, quien ha dejado claro: “Ya no confiamos en Netanyahu. De aquí en adelante solo nos preocuparemos por lo mejor para el judaísmo haredí y nuestras yeshivás”. Se siente el descontento en sus palabras.
Pero eso no es todo. La facción Agudat Yisrael, parte del mismo grupo ultraortodoxo, también se ha sumado a este empuje después de que Netanyahu confirmara a sus aliados que no tiene los votos necesarios para hacer avanzar esa controvertida legislación. Ahora todos miran hacia Shas, otro partido ultraortodoxo dirigido por Aryeh Deri; su decisión podría ser crucial para derribar al Gobierno actual.
En medio de esta tormenta política, Eyal Zamir, jefe del Estado Mayor del Ejército israelí, ha hecho sonar las alarmas en una comisión parlamentaria: sin el reclutamiento de los ultraortodoxos, advirtió que la capacidad militar podría estar en serio peligro ante los múltiples desafíos regionales que enfrenta Israel.

