Haití, un país que parece atrapado en un ciclo de violencia sin fin, ha visto cómo más de 1.600 vidas se han apagado entre enero y marzo de este año. Las cifras son escalofriantes y no dejan lugar a dudas: casi el 70% de estas muertes son responsabilidad directa de las fuerzas de seguridad haitianas. En su afán por combatir a las bandas criminales que asolan el país, se han convertido en perpetradores de una violencia que nos debería hacer reflexionar.
Un panorama desolador
A pesar de algunos avances en ciertas zonas del centro de Puerto Príncipe, la situación es desesperante. La Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití (BINUH) no solo denuncia los 1.642 asesinatos, sino también los 745 heridos, dejando claro que la violencia ha encontrado su camino hacia otras áreas como el departamento Artibonite, donde ataques coordinados han dejado al menos 83 muertos y decenas más heridos.
No podemos obviar que las pandillas tienen su parte de culpa; representan alrededor del 27% del total de víctimas. Pero esto palidece ante el abrumador 69% atribuido a las fuerzas de seguridad, responsables también del sufrimiento innecesario infligido a civiles, incluidos niños inocentes.
Naciones Unidas destaca con preocupación la violencia sexual que se cierne sobre la población vulnerable; más de 292 mujeres y adolescentes han sido víctimas en esta espiral terrorífica donde predomina el control social por parte de grupos criminales. Sin embargo, ¿quién vigila a aquellos encargados de protegernos? Las fuerzas policiales están implicadas en múltiples ejecuciones sumarias, con al menos 33 muertes registradas bajo circunstancias cuestionables.
Añadiendo leña al fuego está el uso indiscriminado de drones por parte del Gobierno haitiano y empresas privadas como Vectus Global. Según Human Rights Watch (HRW), estos aparatos han causado la muerte nada menos que a 1.243 personas, incluidos 17 niños, desde marzo del año pasado hasta principios del presente año.
No podemos seguir mirando para otro lado; la comunidad internacional debe poner manos a la obra para frenar esta crisis humanitaria antes que sea demasiado tarde.

