El pasado viernes, el este de la República Democrática del Congo fue escenario de una masacre devastadora. Las milicias del Movimiento 23 de Marzo (M23) han salido al paso para denunciar que al menos 20 personas han perdido la vida y otras 57 han quedado heridas tras un ataque con drones dirigido a un mercadillo en Mushaki, en la provincia de Kivu Norte. Este acto, que ellos califican como uno de los más atroces en el largo conflicto que azota esta región, ha sido atribuido a grupos afines al Ejército congoleño.
Un ataque directo a la población civil
Los hechos ocurrieron entre las 15.45 y las 16.25 horas, según relata la Alianza del Río Congo (AFC), el brazo político del M23. El uso de drones para disparar contra un mercado repleto de gente es considerado por ellos como un crimen de guerra y lesa humanidad. Mientras tanto, esperamos una respuesta clara por parte del Gobierno congoleño ante estas acusaciones tan graves.
Este ataque llega en medio de un proceso de paz que, desde hace meses, está siendo promovido por Estados Unidos pero cuya efectividad es casi inexistente sobre el terreno. La situación se complica aún más por el respaldo internacional que tienen ambos bandos; mientras el M23 recibe apoyo de Ruanda, Kinshasa cuenta con fuerzas provenientes de Burundi y varios grupos paramilitares.
A medida que avanza este conflicto sin tregua, vemos cómo miles de personas se ven forzadas a abandonar sus hogares. Ciudades como Goma o Bukavu viven una crisis humanitaria alarmante desde hace tiempo. En medio de esta desesperación, la Oficina para Asuntos Africanos del Departamento de Estado estadounidense no ha tardado en condenar este ataque al mercado y pide a todos los implicados que ejerzan contención.
A pesar de todo esto, el M23 no se queda callado: advierten que su lucha no será unilateral porque “para bailar el tango hacen falta dos”. No permitirán seguir siendo víctimas pasivas ante lo que consideran una escalada violenta contra civiles. Desde su posición reivindican su derecho a proteger a la población e invitan a la comunidad internacional a ser testigos y actuar ante tales barbaridades.

