En un día que nos recuerda las tensiones del mundo, el Gobierno griego ha dado un paso al frente. Este viernes, se supo que la mayoría de los activistas de la Flotilla Global Sumud, que fueron detenidos por las fuerzas israelíes mientras intentaban llevar ayuda humanitaria a la Franja de Gaza, han comenzado a regresar a sus países. ¿Quién no se conmovería ante esta situación?
Un regreso complicado pero necesario
Tras ser interceptados y llevados a Creta, 176 valientes desembarcaron en la isla griega. De ellos, 31 tuvieron que ser trasladados a un centro médico en Sitía para recibir atención sanitaria. El resto fue llevado al aeropuerto de Heraclión, donde bajo la supervisión de las autoridades consulares pertinentes, empezaron su salida gradual. Todo esto no es casualidad; fue una operación meticulosamente coordinada por el Ministerio de Asuntos Exteriores griego junto con varias instituciones locales.
Atenas ha estado en contacto constante con las misiones diplomáticas extranjeras y las autoridades europeas competentes. En medio de todo este caos y adversidad, Grecia asumió una responsabilidad humanitaria impresionante: cuidar y proteger a estos individuos que solo buscaban ayudar.
Aunque muchos ya están en camino a casa, hay quienes siguen atrapados en el limbo. La cartera de Exteriores israelí confirmó que dos personas—el brasileño Thiago de Ávila y el español Saif Abukeshek—serán trasladadas para interrogatorios. Esperemos que pronto puedan regresar con sus familias.

