En el corazón de la selva colombiana, donde la vida debería florecer en paz, se ha desatado una ola de violencia que deja a su paso un rastro de dolor. Este lunes, Miroslav Jenca, representante especial del secretario general de la ONU y líder de la Misión de Verificación en Colombia, no ha podido contener su indignación ante los recientes ataques que han segado 21 vidas y dejado a medio centenar heridos. Con el peso del sufrimiento sobre sus palabras, hizo un llamado urgente a los grupos armados para que bajen las armas y respeten a quienes solo buscan vivir en tranquilidad.
Un grito desesperado por justicia
Jenca ha expresado su pesar por cada vida perdida y ha condenado con firmeza las agresiones atribuidas al Estado Mayor Central (EMC) de las antiguas FARC. En su comunicado, dejó claro que no hay justificación para este derramamiento de sangre y que es hora de poner fin a esta espiral de violencia. La Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos también se ha unido al clamor, pidiendo que aquellos responsables sean llevados ante la Justicia. ¿Qué más tiene que ocurrir para que se escuche el clamor de un pueblo cansado?
Los incidentes han tenido lugar principalmente en Cajibío, un rincón del Cauca entre montañas y océano Pacífico, pero los ecos del horror se sienten hasta Valle del Cauca y Nariño. En solo 36 horas, alrededor de una treintena de ataques han dejado huellas imborrables en las comunidades afectadas. La pregunta es: ¿acaso no merecemos todos vivir sin miedo? Es momento de unir fuerzas para exigir respeto por nuestra gente.

