En un mundo donde parece que las noticias tristes se acumulan, la situación en Líbano se ha vuelto insostenible. Desde el pasado 2 de marzo, cerca de 2.400 personas han perdido la vida y más de 7.600 han resultado heridas debido a la ofensiva militar de Israel. Este conflicto comenzó cuando el partido-milicia chií Hezbolá lanzó proyectiles hacia territorio israelí, pero lo que siguió ha sido una escalada brutal que no cesa, incluso con un alto el fuego proclamado entre ambos gobiernos.
Un alto precio por la guerra
La Unidad de Gestión de Riesgos y Desastres del Consejo de Ministros libanés ha emitido un desgarrador comunicado en sus redes sociales: 2.387 muertos y 7.602 heridos, cifras que siguen creciendo mientras familias enteras son desplazadas a refugios improvisados. Ya son 117.421 personas, repartidas en 631 refugios, quienes se han visto obligadas a abandonar sus hogares ante el horror de los bombardeos.
A pesar de una tregua temporal alcanzada hace poco, los ataques continúan sin compasión. Esta misma tarde, el Ministerio de Sanidad libanés reportó nuevos bombardeos en localidades como Qaqaiyat al Jisr, dejando al menos seis heridos más, recordándonos que la paz es frágil y las promesas vacías.
Líbano no está solo; tras estos meses oscuros, se cuentan ya más de 8.619 actos hostiles por parte del Ejército israelí desde inicios de marzo, desatando un torrente imparable de dolor e incertidumbre.

