El pasado 1 de enero, un mar de gente, alrededor de 520.000 personas según las autoridades, se congregó en las calles de Estambul para alzar la voz contra lo que muchos consideran una auténtica masacre perpetrada por las fuerzas israelíes en Gaza y Cisjordania. La manifestación comenzó su andadura cruzando el emblemático puente de Gálata, donde la energía colectiva se sentía en cada rincón.
Un grito por Palestina que resuena fuerte
La multitud llegó a la explanada que conecta la majestuosa Mezquita de Santa Sofía con la hermosa Mezquita Azul, bajo un lema claro: “No nos intimidarán. No nos callaremos. No olvidaremos a Palestina”. Este poderoso acto fue convocado por la Plataforma Alianza por la Humanidad y la Voluntad Nacional, con el respaldo de más de 400 organizaciones de la sociedad civil turca y diversos partidos políticos, incluyendo el gobernante Partido Justicia y Desarrollo (AKP).
Pese al frío que calaba los huesos aquel día, el ministro de Justicia, Yilmaz Tunç, junto al ministro de Comercio, Ömer Bolat —quien no dudó en señalar a Israel como responsable del genocidio del pueblo palestino— reafirmaron su compromiso con los derechos humanos. “El Gobierno de Netanyahu es culpable”, afirmó Bolat con firmeza. Tunç también dejó claro que “la gente de Estambul hace hoy un importante llamamiento al mundo por los derechos humanos y por justicia”. En sus palabras resuena un eco profundo: rezar juntos más de medio millón ante el frío es un acto valiente y necesario.

