MADRID, 6 de junio. La situación en Gaza se torna cada vez más oscura y desgarradora. Este jueves, tras el ataque del Ejército de Israel a un hospital en el norte de la Franja, hemos tenido que lamentar la muerte de cuatro periodistas. Entre ellos se encuentra Ahmed Qaljah, un valiente fotoperiodista que no pudo sobrevivir a las heridas provocadas por los bombardeos. Su trágico destino se une al de Suleiman Hajaj, Ismail Badá –ambos trabajadores de Palestine Today TV– y Samir al Rifai, que formaba parte de Shams News Agency.
El dolor es palpable en cada rincón de Gaza. Según informa el diario ‘Filastín’, vinculado a Hamás, estos profesionales estaban cubriendo la información desde el Hospital Bautista cuando cayeron bajo el fuego indiscriminado. Y no solo ellos; también se recuerda a Yousef al Najala, quien perdió la vida en otro ataque hace unos días. Así las cosas, el Gobierno gazatí cifra ya en 226 los reporteros que han caído desde que comenzó esta ofensiva brutal.
Un conflicto sin fin
El Ejército israelí ha asumido su parte de responsabilidad y justifica sus acciones alegando que buscaban a un «terrorista» que supuestamente operaba desde allí. Sin embargo, ¿a qué precio? En medio del caos y la desolación generada por esta guerra, los números son escalofriantes: más de 54.650 muertos y cerca de 125.500 heridos, según las autoridades locales controladas por Hamás.
Ninguna guerra debería cobrar tributo entre quienes solo buscan informar sobre lo que ocurre en sus tierras. Los ecos del sufrimiento resuenan cada vez más fuerte y es difícil seguir mirando hacia otro lado ante una realidad tan abrumadora.

