En un giro de tuerca que deja a muchos boquiabiertos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha decidido ponerle fin a la financiación federal para cualquier universidad o escuela que se atreva a permitir protestas ilegales. Todo esto viene tras su crítica a las manifestaciones estudiantiles contra la ofensiva militar de Israel en Gaza del año pasado. En sus propias palabras, lanzó una advertencia clara: «Los agitadores serán detenidos o expulsados permanentemente al país del que vengan». Y sí, se dirigía también a esos estudiantes extranjeros que podrían estar en la mira.
Una caza de brujas en los campus
No contento con esto, Trump va más allá sugiriendo perseguir el uso de máscaras para cubrir rostros durante estas protestas. Ya lo había dejado claro en enero cuando firmó una orden ejecutiva para tomar medidas drásticas contra lo que él llama “la explosión de antisemitismo” en las universidades y calles estadounidenses, después de los atentados del 7 de octubre. Es alarmante escuchar cómo algunos estudiantes celebraban los ataques perpetrados por Hamás y otros grupos palestinos; eso es lo que él asegura.
Pero eso no es todo: su administración ha comenzado a revisar contratos con la Universidad de Columbia, un lugar donde las protestas han sido bastante frecuentes. Están hablando de acuerdos millonarios—hasta 5.000 millones de dólares—que podrían quedar en el aire si no se ajustan a sus exigencias sobre el antisemitismo.