En un contexto tenso y desgarrador, el jefe del Ejército de Uganda, el general Muhoozi Kainerugaba, ha decidido poner todas las cartas sobre la mesa. Desde Madrid, nos llega la noticia de que ha dado un ultimátum de 24 horas a cualquier grupo armado que se atreva a operar en la ciudad congoleña de Bunia. La razón detrás de esta amenaza es clara: detener los ataques étnicos contra la población hema, comunidad a la que él mismo pertenece.
La situación se ha intensificado tras una masacre devastadora perpetrada por las milicias de la Cooperativa para el Desarrollo del Congo (CODECO) en Djugu, donde más de 80 personas han perdido la vida. Este grupo está compuesto por miembros de la comunidad lendu, quienes mantienen una enemistad histórica con los bahema. Y es que entre 1999 y 2007, ambas comunidades protagonizaron un conflicto sangriento que dejó cerca de 50.000 muertos.
La advertencia del general
No obstante, lo más impactante son las palabras del propio general en su cuenta de X: «exactamente 24 horas para que depongan las armas». Si no lo hacen, sentencia sin tapujos que serán considerados enemigos y serán atacados. Sus declaraciones son como balas: directas e incendiarias. «¡Nadie puede matar a mi pueblo y pensar que no sufrirá por ello!», enfatiza este militar cuyo padre es el presidente Yoweri Museveni.
Con estas afirmaciones, queda claro que estamos ante un conflicto donde las emociones están a flor de piel y el riesgo es palpable. La pregunta ahora es: ¿quién se atreverá a desafiar esa advertencia? Las comunidades locales observan con inquietud mientras esta historia sigue desarrollándose.