La controversia ha estallado en Israel después de que el ministro de Cultura, Miki Zohar, anunciara su intención de revocar la ciudadanía a los directores del documental ‘Naza’, galardonado con el Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia. Este filme, que pone el foco en las trágicas consecuencias del conflicto en Gaza, ha desatado un torrente de reacciones y críticas.
Un ataque directo a la libertad creativa
Zohar no se ha cortado al afirmar que estos cineastas, Yuval Abraham y Rachel Szor, tienen un «ardiente odio autodestructivo». Según él, están dispuestos a hacer daño a su país solo para recibir aplausos de quienes critican a Israel desde fuera. En un mensaje publicado en X (anteriormente Twitter), expresó: «Como ministro de Cultura, actuaré de inmediato para revocar la ciudadanía israelí de estos creadores viles por traición al país». Sin duda, unas palabras duras que dejan ver cómo se siente ante lo que considera una falta grave.
No es solo Zohar quien ha arremetido contra ellos; también el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, calificó a Abraham y Szor como una «vergüenza» para todo Israel. Les dijo sin tapujos que mejor desaparecieran, asegurando que sus amigos en Gaza los recibirían con los brazos abiertos. Aquí vemos cómo la crítica se convierte rápidamente en un ataque personal.
El documental ‘Naza’, con 80 minutos cargados de testimonios impactantes sobre las decisiones militares israelíes y sus devastadoras consecuencias para civiles palestinos, ha hecho tambalearse la balanza del debate público. Aunque algunos defienden su derecho a expresar su visión artística y política, otros consideran que cruzaron una línea roja al abordar temas tan delicados.
Y es que este estreno fue recibido con un aplauso ensordecedor por parte del público en Venecia; algo que revela cómo ciertas historias resuenan más allá de fronteras políticas o culturales. Los realizadores no son nuevos en esto; forman parte del equipo detrás del éxito ‘No Other Land’, ganador del Oscar.
En definitiva, esta polémica no solo pone sobre la mesa las tensiones dentro de Israel respecto al arte y la política sino también el papel crucial que desempeñan los documentales como ‘Naza’ para abrir diálogos difíciles pero necesarios sobre realidades dolorosas.

