La noche del robo del Tesoro de Villena se ha vuelto un laberinto de intriga. Los vehículos utilizados por los ladrones, que no son otros que dos turismos de alta gama, llevaban matrículas sustraídas la misma noche en Sax. Y lo más inquietante es que sus propietarios no se dieron cuenta hasta el amanecer, cuando ya era demasiado tarde.
Un plan bien orquestado
Las primeras pistas indican que este asalto fue meticulosamente planeado. A las 5:16 horas, la alarma del polideportivo sonó como una distracción para desviar la atención mientras los asaltantes irrumpían en el Museo de Villena. En cuestión de minutos, habían destrozado vitrinas con mazas y huido con un botín invaluable: piezas que datan de hace más de 3.000 años, todo un tesoro histórico.
Lo que sigue es pura acción: a las 5:20 horas saltó la alarma del museo y, solo cuatro minutos después, los delincuentes escapaban con su botín. Todo indica que conocían el lugar a la perfección; entraron por un lateral y fueron directos a lo que buscaban. Las cámaras registraron su presencia tanto dentro como fuera del edificio, pero ya era tarde para atraparlos.
A medida que avanzan las investigaciones, la Guardia Civil intenta reconstruir su trayectoria tras el asalto. Conectando puntos en un mapa y siguiendo las cámaras de tráfico, buscan identificar a estos audaces ladrones antes de que desaparezcan por completo.
La autovía A-31 se presenta como una vía rápida hacia varios destinos; Madrid o incluso Andalucía están al alcance gracias a esta red vial. Mientras tanto, los ciudadanos nos preguntamos cómo es posible que algo así ocurra en nuestra comunidad y qué medidas tomará nuestro patrimonio para evitar futuros golpes similares.

