El pasado sábado, Alaró se convirtió en el escenario de un evento que resonará en la memoria de muchos: el concierto de Els Matins de l’Orgue. En este marco, la Asociación Amics de l’Orgue presentó un libro que celebra dos décadas transformando el órgano de Sant Bartomeu en un verdadero protagonista cultural. Y qué mejor forma de festejarlo que haciendo sonar sus tubos, ¿verdad?
Un diálogo musical inolvidable
Miquel Bennàssar al órgano y Marc Alomar al violonchelo nos regalaron una experiencia sublime, con Bach como hilo conductor. Aunque puede parecer que el órgano y el violonchelo son mundos opuestos —uno es capaz de llenar una iglesia entero mientras que el otro parece depender únicamente de su caja y cuerdas—, aquí se estableció un hermoso diálogo. Bennàssar supo contener la fuerza del órgano cuando era necesario, dejando espacio para que Alomar brillara con su sonido cálido y perfectamente afinado.
Este juego entre ambos músicos fue quizás lo más destacado de la mañana: cada uno aportando su voz sin intentar eclipsar al otro. Las interpretaciones bachianas fueron especialmente notables; desde la Sarabande hasta el Aria de la Tercera Suite, cada nota flotaba en el aire cargada de serenidad y emoción. Y cómo olvidar ese momento especial cuando Bennàssar se adueñó del escenario con su Preludio y fuga, recordándonos quién era realmente el anfitrión.
Con una programación bien estructurada que evitaba caer en exhibicionismos vacíos, esta jornada nos dejó mucho más que música: nos ofreció recuerdos compartidos y una conexión auténtica con nuestra cultura.

